Texto

Proyecto Neblinas. Curaduría por Hache Galería — BAphoto, Buenos Aires, 2016

PROYECTO NEBLINAS
Proyecto individual para BAphoto

Por
Elena Loson

Fecha
13 OCT. — 16 OCT. 2016

Mis trabajos recientes son ejercicios abstractos centrados en la materialidad de mi obra, sus múltiples transformaciones y la posibilidad de conformación de una imagen.
A partir del universo amplio del dibujo, y como parte de mi línea de investigación, los materiales que ocupo -papeles, lápices de color, grafito en polvo, masas de grafito, papel de calcar- son observados a lo largo de su transformación en tanto material para, para convertirse ellos mismos en la materia de. 

El universo de imágenes resultantes se concentra en un lenguaje “puro” en el sentido objetual del material ocupado, en tanto el grafito no pretende ser otra cosa que grafito, y así con el resto de los elementos. Sin embargo, la incorporación de ciertos lenguajes provenientes del mundo fotográfico cambia el foco sobre estos materiales, ampliando su sentido simbólico. 

El punto de partida es una masa de grafito, una especie de plastilina que manipulo hasta formar una pelota y la froto sobre un papel de arroz. Una acción básica que no requiere de ninguna destreza, un gesto similar al que uno realiza cuando prueba un lápiz nuevo. Una vez cubierto el papel, aplasto con la yema de los dedos la masa que queda (nuevamente una acción instintiva), y la dejo secar hasta que se descascara. A partir de esto, obtengo por un lado la hoja cubierta por el frotado (y levemente curvada por la acción del material) y los pedacitos de grafito que se desprenden. Este “residuo”, que en realidad no es basura, sino material, se incorpora a mi mesa de trabajo junto a los polvos de lápiz, distintas hojas donde pruebo trazos y técnicas, papeles que ocupo para estirar tintas, etc. 

La pregunta que me formulo entonces tiene que ver con las posibilidades de estos materiales, cómo reconocer su identidad. Es así como incorporo recursos como el scanner. Por ejemplo, el nivel de detalle de polvos y de papeles obtenido a partir del scanner eleva el “residuo” a un primer plano, develando además una precisión de texturas y detalles que el ojo no podría advertir a simple vista, sin mediación tecnológica.  

No obstante, la combinación de estos elementos (papeles con pruebas de trazos, polvo de lápices de colores recolectados a partir del uso de los lápices en otras obras, polvo de grafito solidificado, etc.) puestos en capas conforman imágenes abstractas pero sugerentes, que podrían remitir a paisajes neblinosos, atmósferas o lugares inciertos. Es la propia naturaleza del material la que posibilita la aparición de estas imágenes reveladas, casi suspendidas. 


En una segunda etapa, y a partir del mismo procedimiento inicial (frotar una bola de grafito sobre papel de arroz, aplastar lo que quedó de esa bola una vez que cubrí toda la hoja, dejar secar la bola y luego dejar caer pedacitos rotos de grafito seco), realizo una operación casi tautológica sobre otro papel, también de bajo gramaje. Esto es, con la misma bola de grafito, dispongo la hoja nueva por encima de los pedacitos de grafito en polvo, y registro la huella de estos “polvos”, de abajo hacia arriba. Las manchas resultantes determinan la acción siguiente: con lápices de colores, realizo trazos en los espacios en blanco.
 
Las “neblinas” que se forman son una suerte de registro natural de una imagen antes invisible. Este ejercicio me remite a esas fotografías en las que, una vez reveladas, aparecen luces o sombras que no habían sido vistas por el que fotografiaba. Pienso un poco en esto cuando hago estos trabajos, en un universo de imágenes que está contenido en los mismos materiales y en mi escritorio, y que necesitan de un mecanismo de registro de imagen para “aparecer”. La huella que se devela a partir del frotado es el paisaje de mi universo material.