











Exhibición individual en Espacio Andrea Brunson
Por
Francisca Aninat
Fecha
16 OCT. — 27 OCT. 2019

El bosque supone lo oculto. Es el encuentro simultáneo, la inmersión en una vegetación particular, lo que no se mira de una sola vez, la pérdida de una posición estática. Es la audacia de saber entrar donde no existe un horizonte sino la repetición del discontinuo. Mi bosque, escribía Alejandra Pizarnik: acumular deseos en plantas ingratas/ referir lo tuyo/ en verdor solemne/ y entonces vendrán diez caballos/ a tirar la cola al viento negro/ moverán las hojas/ sus crines mojadas/ y vendrán la escuadra/ redondeando versos.
Loson presenta la imagen del bosque como si perteneciera a una reminiscencia de sueños, recurre además a aquellas figuras acumuladas en la retina después de escuchar construcciones legendarias de cuentos infantiles. Un bosque y las obras que lo acompañan, residuos, manchas, como un cuerpo oculto que ya no persiste. O los encuentros posibles de su recorrido, como trazos de una narración que nos invita a construir utilizando nuestro propio relato. Instala sus obras en forma de despojos, sobre una mesa, una suerte de cartografía de sueños; el material -principalmente el carbón vegetal, agudiza esta lectura. Por un lado parece provenir de la misma naturaleza de esta imagen primitiva y por otra, nos señala el cuidado que debemos tener frente a lo que frágilmente se olvida, como en la delicadeza de no pasar a llevar estos dibujos, que se sitúan en un momento indefenso frente a la hoja en blanco. Loson parece llevarnos a un estado cercano a la infancia, con sus recuerdos que van y vienen como los animales que sitúa incómodos en este contexto, y que parecen recordarnos que el olvido es parte de la construcción de historias.